Brechas Podcast – Balas de goma

Carles Guillot y Esther Quintana perdieron un ojo en circunstancias muy similares. Ambos sufrieron el impacto de una bala de goma disparada por un policía, mientras ejercían su derecho a la protesta. En su larguísima carrera judicial por identificar a los responsables, los dos encontraron el empuje necesario en sus compañeras, vínculos, familiares y sociedad civil, no solo para exigir justicia y reparación al Estado, sino también la prohibición de este tipo de armas tan imprecisas como letales.

Incontrolables Indiscriminadas Intrazables

Desde el año 2000, en el Estado español se contabiliza una persona muerta alcanzada por un disparo directo, y hasta once que han perdido la visión de un ojo.

3 claves del episodio

ATENCIÓN PSICOLÓGICA
Según Marina Parras, parte del área médica del Centro Sira y colaboradora en Omega Research Foundation, casos de mutilación como los de Carles o Ester, no activan ningún protocolo específico que contemple apoyo psicológico o la intervención del área de trabajo social. Las víctimas son atendidas igual que si hubieran sufrido un accidente fortuito.

MECANISMOS DE CONTROL
Sin autor conocido, no hay condena. Muchas veces, los casos que llegan a la justicia dependen de información proporcionada por la propia policía, que a menudo no va debidamente identificada, advierte Irene Urango, de Irídia. Este centro, junto a Novact y expertas del Centro Sira, presentó el año pasado un Plan de Acción para crear un mecanismo independiente que investigue violaciones graves de derechos humanos cometidas por la policía.

APOYO MUTUO
Ester, Carles, Nicola, Roger, Òscar, Stop Bales de Goma, Ojo con tu ojo, llevan muchos años exigiendo en todo tipo de espacios la prohibición de los proyectiles de energía cinética y denunciando las consecuencias de su uso. «Para nosotros era importante juntarnos todas; que ese fuera un primer contacto y después ya veríamos qué es lo que se daría. Y lo que se dio es una amistad y un activismo que llevamos haciendo desde 2012», explica Carles Guillot.